jueves, 21 de octubre de 2010

La Vida Humilde

20 de octubre de 2010, 8h39
Millonarios de vida humilde

Millonarios de vida humilde
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Los más ricos del mundo suelen vivir por debajo de sus posibilidades: carecen de mansión, helicóptero, yate o coche despampanante, y una mayoría reniega de la ropa de marca, los hoteles caros y hasta de la peluquería (se cortan el pelo en casa).

Los más ricos del mundo suelen vivir por debajo de sus posibilidades: carecen de mansión, helicóptero, yate o coche despampanante, y una mayoría reniega de la ropa de marca, los hoteles caros y hasta de la peluquería (se cortan el pelo en casa).

Este estilo de vida es el que retrata a los millonarios genuinos. O al menos a los 500 estadounidenses con más de un millón de dólares en la cuenta del banco que durante diez años estudiaron Thomas J. Stanley y William D. Danko, autores de libro 'El millonario de al lado' ('The millionare next door'). Un título que aporta una pincelada más en el perfil de los tocados por la fortuna: no viven en los barrios más caros y tienen vecinos que poseen mucho menos dinero que ellos.

La radiografía sociológica al completo, extrapolable a cualquier sujeto acaudalado del mundo, aporta más motivos para deshacerse del estereotipo de millonario frívolo y derrochador. El informe desvela que los ricos oficiales se dedican a cosas normales (son propietarios de cadenas de tiendas, de fábricas…), se han casado una sola vez y siguen viviendo con esa misma pareja, trabajan entre 45 y 55 horas semanales y no heredaron de sus padres, sino que crearon su riqueza por sí mismos.

Figuras que detestan figurar

Pasando al terreno de los ejemplos, el más ilustrativo es el de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo (53.500 millones de dólares), según el ranking de la revista 'Forbes'. Un mexicano campechano que a veces usa relojes de plástico, jamás tira de yate o de avión privado y al que le placería morir en la misma casa en la que lleva viviendo desde hace 40 años.

Como al llamado también rey de las telecomunicaciones y del petróleo de México, el tercer hombre más rico del planeta, Warren Buffet (47.000 millones de dólares), no sólo vive en una casa de cinco habitaciones que compró por 31.500 dólares hace 50 años, sino que extiende su sencillez a los asuntos de la mesa. Tras probar todo tipo de 'delicatessen' en los mejores restaurantes del mundo, el mago estadounidense de las finanzas asegura que ante todo es feliz deglutiendo una hamburguesa con patatas y un refresco de cola.

Pero lo que se dice predicar con el ejemplo, el que mejor sabe hacelo es Ingvar Kamprad, el fundador Ikea. Su lema empresarial de que "los clientes de Ikea no conducen coches caros ni se alojan en despampanantes hoteles" lo ha trasladado a su propia vida, que podría confundirse con la de un sueco de clase media: las veces que no coge el autobús, conduce su Volvo 240, de más de quince años. En apurar la vida útil de sus posesiones, también es un especialista Jim Walton, propietario de los almacenes estadounidenses Wal-Mart, que saca pecho al ponerse al volante de una camioneta de 15 años. La idea es conducir un coche fiable, no más.

También se conduce por sus propios medios, y abomina, en cualquier caso, de la primera clase, el millonario Chuck Feeney, cofundador de las tiendas Duty Free. Un hombre poco dado a caer en las tentaciones consumistas de su propio negocio… Los artículos de diseño no se han hecho aún un hueco en la vida de este estadounidense, que a los comentarios sobre su falta de variedad al vestir calzado, se le ha escuchado decir: "Sólo pueden llevarse un par de zapatos cada vez". Una actitud espartana digna de admiración para multimillonarios como Caudnell y David Cheriton, que optan por cortarse el pelo en casa.



¿Qué hacen con el dinero?

La respuesta descarta que los millonarios se estén volviendo tacaños. Los hasta ahora mencionados tienen parte de su fortuna comprometida con obras de caridad, cuando no han levantado su propia fundación para mejorar las condiciones de vida de otras personas. Y el dinero que no donan a obras benéficas, lo tienen "trabajando", invertido en sus propios negocios o en otros sistemas de crear de riqueza en los que confían.

Se trata de millonarios vocacionales, que no se distraen adquiriendo el último modelo de Rolex o de Mercedes-Benz. Les interesan poco los ingresos y más generar riqueza (lo que no se gasta). Algo que se les da bien porque disfrutan haciéndolo. "Las grandes empresas las construye gente que ama su negocio y que por el camino gana dinero, pero ésta no es la primera motivación". La frase, de Warren Buffet, la suscribe Carlos Slim y cualquier millonario 'excéntrico' que, como ellos, pueda permitirse el lujo de no gastar lo que tiene.

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